Escudo de la Universidad Politécnica de Madrid

Facultad de Ciencias de la
Actividad Física y del Deporte

¿Fueron efectivos los programas de entrenamiento en casa para personas mayores con diabetes tipo 2 durante el confinamiento por COVID-19?

Un trabajo desarrollado por investigadores de la UPM analiza los efectos de un programa domiciliario de 6 semanas de ejercicios de potencia muscular sobre la calidad de vida, funcionalidad física, niveles de actividad física y sedentarismo en adultos mayores con diabetes tipo 2.

Hace poco más de un año, el 13 de marzo de 2020, el gobierno español declaró el estado de alarma debido a la pandemia COVID-19, que nos mantuvo alrededor de 80 días en aislamiento domiciliario como medida para evitar la propagación del virus.

Durante ese periodo de restricción forzada del movimiento, muchos organismos tanto nacionales como internacionales llamaron la atención sobre la importancia de mantener unos buenos hábitos nutricionales y de actividad física. La razón principal era minimizar los bien conocidos efectos secundarios del sedentarismo, como son el sobrepeso, la obesidad y los problemas metabólicos y cardiovasculares, entre otros. En este sentido, la actividad física es especialmente importante para las personas mayores con diabetes mellitus tipo 2, donde tanto el ejercicio de fuerza como de resistencia han demostrado ser estrategias eficaces para mantener la sensibilidad a la insulina, la condición física y por tanto la independencia funcional.

La mayoría de las recomendaciones y propuestas para adultos mayores desde la comunidad científica incluían permanecer lo más físicamente activo posible durante el día, así como entrenamientos multicomponente que incluyesen ejercicios de fuerza, resistencia, equilibrio y estiramientos.

Investigadores de la Facultad de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF) de la Universidad Politécnica de Madrid decidieron recoger esas propuestas y llevarlas a cabo en un grupo de adultos mayores de 65 años con diabetes tipo 2 (considerados de riesgo con respecto a la severidad de la enfermedad en caso de contagio por el virus SARS-CoV-2). Los participantes ya habían iniciado un programa de entrenamiento presencial antes del confinamiento, dentro del proyecto Diapow, en la instalación deportiva Olimpia del Ayuntamiento de Leganés con la colaboración de la empresa de máquinas de musculación Matrix. Tal y como explica la directora del proyecto, la Dra. Amelia Guadalupe Grau, del Grupo de Investigación ImFINE del Departamento de Salud y Rendimiento Humano de la UPM “se desarrolló y grabó en video un programa que constaba de 3 partes: calentamiento y activación, compuesto por 7 ejercicios; trabajo de potencia muscular, donde se ejercitaba tanto el miembro superior como inferior a través de 6 ejercicios; y para finalizar una vuelta a la calma compuesta de 7 ejercicios” El vídeo con los ejercicios está disponible de forma gratuita aquí.

¿Entrenar contrarrestó los efectos negativos del confinamiento?

El entrenamiento fue muy bien recibido por los participantes, generando una sensación de conexión social con los entrenadores, que contactaban con ellos cada semana. De forma general, todos los niveles de actividad física (desde ligera hasta intensa) disminuyeron y el tiempo sedentario aumentó significativamente en todos los participantes durante el confinamiento. Sin embargo, cabe destacar que aquellos participantes que realizaron el programa reportaron menos horas de inactividad física que aquellos que no lo estaban realizando (32% vs 58% respectivamente). Además, mantuvieron e incluso mejoraron ligeramente su percepción con respecto a su funcionalidad física y calidad de vida, tal como muestran las respuestas a las encuestas telefónicas que respondieron tanto antes como después del confinamiento.

Estos resultados han sido recientemente publicados en la revista Journal of Physical Activity and Health, en la que también ha participado la Universidad de la República de Uruguay.

En conclusión, y como aplicación práctica, este estudio apunta en la dirección de que aminorar la pérdida de calidad de vida sufrida a raíz del confinamiento en personas mayores a través del ejercicio es posible, así como destacar la efectividad del entrenamiento de potencia en dicho grupo dada la seguridad y eficacia del mismo.